octubre 09, 2004

Melting Pot (ó Mi Vida en Música, Segunda Parte)

Proseguimos entonces.

Como he mencionado anteriormente, en 1982 me mudé a vivir a casa de mis abuelos y esto trajo muchos cambios. Y como en toda buena película, el soundtrack debe reflejar el mood de la historia.

Tal vez el factor determinante que influyó en la formación de mis gustos musicales fue la diversidad de personalidades representada por mis tíos. Mi madre era la tercera de nueve hermanos y cuando nos mudamos con mis abuelos aún permanecían solteros cuatro de ellos, todos varones. Siendo todos ellos menores que mi madre, la "brecha generacional" entre ellos y yo realmente no era tan grande y la convivencia era bastante amena.

En cuanto a sus gustos musicales, empecemos por el mayor de ellos, Guillermo, de quien no estoy seguro pero debe ser unos diecinueve o veinte años mayor que yo. Dibujante técnico (hacía diagramas y rótulos para Deltra, maquilador y distribuidor en México de Sony y Hitachi) y aficionado a la electrónica. Nunca he visto una mayor colección de radios de fabricación casera. Fanático empedernido de The Beatles y de la gran mayoría del pop y rock de los años sesenta -exceptuando a los Rolling Stones, a quienes su vocación de fan del Cuarteto de Liverpool obligaba a detestar- y poseedor de una enorme y variada fonoteca.

Pedro, Contador en diferentes empresas dedicadas a la electrónica, pasó por su etapa disco y gustaba de escuchar pop en inglés. Quince años mayor que yo. A la fecha es gran fan de Neil Diamond, Phil Collins y demás aberraciones musicales por el estilo. A pesar de mis esfuerzos para impedirlo, actualmente se encuentra en su etapa "Niu Eich" con una debilidad especial por Enya y Yanni.

Gerardo. Arquitecto, trece años delante de mi. Estudiante universitario en aquellos años, gustaba de toda clase de cosas que yo encontraba rarísimas. Oscar Chávez, Pablo Milanés, Tania Libertad, Eugenia León, etc. Música prehispánica de México y Sudamérica y varias muestras de aquello que hoy en día llamamos World Music.

Juan Carlos. Todólogo y Nadálogo. Nueve años y medio mayor que yo. Fue con quien tuve una relación más cercana. De más chico él acostumbraba pasar mucho tiempo en nuestra casa -recientemente confesó que esto era principalmente porque en su casa no lo dejaban ver caricaturas- y en esos años yo pasaba mucho tiempo con él. Estudiante del Colegio de Bachilleres en ese entonces, por él descubrí el Hard Rock, el New Wave, el New Romantic y demás subgéneros populares de los años ochenta. Fan de Scorpions, AC/DC, Van Halen y Madness, era sin duda la persona en esa casa con gustos más cercanos a las necesidades de un incipiente pre-puberto como yo.

Sumemos a esta ecléctica variedad que mi abuelo gustase de escuchar música mexicana de los años cincuenta -Jorge Negrete, Pedro Infante y Luis Aguilar incluídos; y que mi mamá había desarrollado un gusto muy particular por la música de rondallas y estudiantinas, y pueden ustedes irse haciendo una idea de la clase de soundtrack que ambientó mi vida entre los ocho y los doce o trece años.

Y supongo que es momento de pausar otra vez a fin de no hacer esto tan largo. En la próxima entrega echaremos un vistazo a las primeras influencias no familiares y al comienzo de mi propia colección fonográfica.
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