abril 10, 2005

Lo lamento pero...

Lo que están a punto de leer es algo que quizás no debería aparecer aquí, dado que se trata de un tema de política, pero dada la intención de mantener Vota por Nadie como un foro imparcial de quejas y denuncia ciudadana, me pareció inapropiado iniciar mi participación con un texto de opinión personal, no por el hecho de ser personal sino por la posibilidad de que cierto dejo de parcialidad se asome en el texto. Tampoco quise publicarlo en La Hoguera por respeto a mis amigos y colaboradores en dicho blog.

¿El tema? El desafuero y (aparente) destitución de Andrés Manuel López Obrador como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. No es mi costumbre anexarme al tema de moda, ya que información y opiniones sobran en todos los medios, pero la razón de la existencia de este blog era poder desahogar opiniones e ideas, y estos últimos días he absorbido demasiada información al respecto como para no haber desarrollado una postura clara al respecto.

Una vez aclarado lo anterior, empecemos por el principio. No soy simpatizante del Sr. López Obrador ni pienso serlo jamás. Siempre me he encontrado en desacuerdo con la mayoría de sus políticas e ideología y esto nunca ha sido un secreto. Desde su elección he manifestado mi desacuerdo ante su forma de conducir el gobierno de esta capital y mi malestar ante sus políticas abiertamente populistas. En ese entonces me molesto la noción de tener un gobernante que no hubiese podido comprobar claramente su residencia y legítimo derecho a contender por el gobierno. El argumento usado frecuentemente por sus simpatizantes respecto a que removerlo de un cargo para el que fue electo debiera ser privilegio de quienes lo eligieron y la contradicción con los referendums de popularidad que, de resultar adversos provocarían su renuncia a un cargo NO RENUNCIABLE fue otra causa de desacuerdo de mi parte. Especialmente después de la escasa participación ciudadana en el más reciente, la cual originó comentarios de opinión como "El 95% del 5% le dijo que si".

Sin embargo, y aún cuando no me molesta la idea de verlo removido de su cargo -o la broma de tener ahora una ciudad "despejada"- considero también importante manifestar mi desacuerdo con la forma en que esta se dió. Uno de los principales argumentos del Jefe de Gobierno en su "defensa" -misma que no considero tal, dado que nunca pronunció argumentos a su favor, sólo se limitó a denunciar a aquellos que deseaban eliminarlo a cualquier costo- es que todo el asunto era de índole político y no jurídico. Y parcialmente tiene la razón. Parcialmente porque existen indicios de una actitud bastante desparpajada cuando se trata de seguir las leyes, incluso más en otros casos que en el del supuesto desacato en el predio de El Encino. Pero también es un hecho que dichas acciones sirvieron para dotar de un marco legal plausible a una evidente maniobra política de los opositores a LO.

El gobierno federal poco hizo para cambiar la percepción popular de que existe algo de verdad en la teoría del compló. Los días previos a la votación en el pleno de la Cámara de Diputados inició una campaña mediática excesivamente obvia que pretendía justificar la postura de nuestro gobierno. "Lo único peor que alguien que rompe la ley es alguien que al hacerlo cree que hace lo correcto" se convirtió en la frase más escuchada en la radio del país. En televisión apareció un spot barato de una instancia llamada México por la Paz A.C. donde después de ver una serie de imágenes de gente en diferentes actividades podíamos escuchar "Ellos no tienen fuero ni lo necesitan, porque como tu y como yo confían y no le tienen miedo a la Justicia. No como ciertos gobernantes que no quieren perder el fuero. El que nada debe nada teme". Y claro, todos los mexicanos confíamos en nuestro sistema judicial. ¿Cómo temerle a un aparato judicial tan eficiente como el nuestro? No es como si se dieran casos de gente encarcelada injustamente, de criminales libres y delincuentes impunemente operando a su antojo en nuestro país.

En fin. Sólo necesitaba desahogarme. Me deprime pensar en un gobierno más preocupado por resolver sus rencillas personales que en trabajar para resolver los problemas del país. Me preocupa la idea de un aspirante a la presidencia de molde Echeverrista con tintes mesiánicos y dispuesto a convertirse en un mártir político con la ayuda de sus "enemigos", y más aún, me disgusta enormemente la idea de vivir en un país donde oposición significa tener algo de que quejarse aunque sea por el sólo gusto de hacerlo, donde izquierda y derecha son tan parecidas que da miedo pensar como es el centro, y donde parece que tuviesemos prisa por reinstaurar el auténtico Parque Jurásico aún sin contar con un sólo ser creado genéticamente.
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