enero 13, 2010

Sherlock Holmes

Por una curiosa coincidencia, este año empezó, al menos en el cine, justo como el anterior. Hace un año la primera película que vi en el cine fue RocknRolla, el primer proyecto de Guy Ritchie tras su separación de Madonna, y lo hice en compañía de algunos de mis amigos. Este año empecé otra vez con amigos y con una cinta de Guy Ritchie, pues aprovechamos los últimos días del receso invernal para ver la más reciente versión de Sherlock Holmes, protagonizada por Robert Downey Jr, Jude Law, Rachel McAdams y Mark Strong.

Prácticamente desde que se anunció el proyecto hubo puristas -difícil de creer pero es cierto: existen puristas de un personaje literario creado en el siglo XIX- que empezaron a quejarse con antelación por lo que veían como un atentado a la esencia del personaje, aún cuando lo único que se sabía era que el estudio pensaba ofrecer una versión del personaje que resultase atractiva para la audiencia contemporánea. O lo que es lo mismo, una versión del famoso detective que fuese capaz de divertir a las grandes masas de adolescentes con poca capacidad de retención de información. Y eso es precisamente lo que hicieron. Contrario a lo que podría esperarse de un proyecto con esas ambiciones, la película resulta muy entretenida sin necesidad de sacrificar el desarrollo de personajes o la trama de la película.

Lord Blackwood (Strong) es un noble acusado de secuestrar y asesinar a varias jóvenes durante rituales de magia negra, quien es detenido por Sherlock Holmes (Downey Jr) y su compañero y asistente John Watson (Law) justo antes de que pueda asesinar a una más. Tras someterlo a juicio se le condena a morir en la horca y eso parece ser el fin del asunto, salvo por el pequeño detalle de que un par de días después de su ejecución, Lord Blackwood abandona su tumba y se dispone a reiniciar su tétrica labor. Ahora Holmes tiene que averiguar como fue que Blackwood burló a la muerte, averiguar cuales son sus planes y detenerlo. Engañosamente simple.

Holmes tiene que investigar el caso mientras lidia con problemas personales, pues Watson está a punto de comprometerse en matrimonio y piensa mudarse, lo que entre otras cosas daría fin a su sociedad con el famoso detective. Además, Holmes descubre que Irene Adler (McAdams), una mujer con la que comparte un pasado y quien ha logrado engañarlo anteriormente, está de vuelta en la ciudad. Intrigas secretas de la alta sociedad, magia negra, terrorismo steampunk, una femme fatale al más puro estilo victoriano, y un par de caballeros con un singular gusto por resolver misterios ¿Qué más se puede pedir para pasar una tarde de sano esparcimiento?

Respecto a los puristas, quisiera aclarar que muchos de ellos -no todos, pues me consta que los hay serios también- no son más que snobs pretenciosos, pues en muchas ocasiones resulta que ni siquiera han leído alguna vez las historias de Sir Arthur Conan Doyle y su referencia para considerarse expertos en Holmes son las decenas de películas que se han producido a lo largo de las décadas.

El flemático caballero de conducta intachable que estos individuos sostienen debiera ser Sherlock Holmes es un producto creado en los estudios de cine y no por la pluma de Sir Doyle. Es fácil identificarlos porque suelen expresar dudas o negar algunos datos sobre el personaje que son mencionados en esas historias pero rara vez representados en el cine: Holmes es adicto al opio y es una persona de caracter desagradable, fue boxeador, y es un experto espadachín, al igual que Watson.

Ciertamente la versión del personaje que presenta Ritchie en esta película parece exacerbar algunos de esos elementos dejando de lado otros con los que las masas están más familiarizados, pero a fin de cuentas se trata de una interpretación y como tal se encuentra sujeta a toda clase de discusiones.

Un amigo comentaba sobre la película, preguntándose en qué momento Holmes y Watson se habían convertido en Batman y Robin, lo que me divirtió mientras veía la película porque hallé más paralelos relacionados a esa comparación, que además viene al caso porque Holmes es una de las inspiraciones más grandes para Batman, quien suele ser llamado por su más grande enemigo -y no, no estoy hablando del Joker- con un simple apelativo: Detective.

A fin de cuentas, si lo que uno desea es el Sherlock Holmes clásico, existen varios libros bastante accesibles por estar en el dominio público, y además me atrevería a asegurar que no es tan difícil hacerse con copias de algunas de las películas que ayudaron a popularizar al personaje. Si les gustan las películas de Guy Ritchie, no hay ni siquiera por qué dudar, Sherlock Holmes es para ustedes. Si su interés en el personaje no es de tintes académicos, creo que también la pueden disfrutar, y si lo único que buscan es una opción de entretenimiento para todas las edades, creo que también es una muy buena opción. Supongo que no soy el único que piensa así, pues la buena aceptación que la película ha visto en taquillas ha llevado a que se acelere el proceso de pre-producción de una secuela, utilizando por lo pronto una sola palabra que sin embargo está llena de promesas: Moriarty.
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