marzo 02, 2010

The Hurt Locker

Tengo un amigo a quien a primer vistazo muchos podrían tachar de ignorante, cerrado, machista y demás calificativos poco halagadores. La verdad es que no es del todo cierto, pero sus reacciones viscerales y su costumbre de soltar su opinión sin cuidar la forma en que lo hace pueden provocar muchos malentendidos. La última vez que tuve una discusión con él de esas que provocan malentendidos, fue luego de que hizo un comentario acerca de la incapacidad de las mujeres para ser buenas directoras de cine.

Su  argumento no es que una mujer no pueda dirigir cine, simplemente que no pueden llegar a ser directoras con personalidad propia, dirigiendo la clase de películas que quieren hacer y haciéndolas de la manera que desean hacerlo, lo cual queda demostrado al ver que la gran mayoría de directoras trabajando en el medio solo dirigen dramas telenovelescos y/o comedias románticas, y que estaba muy lejos el día que alguna mujer pudiese ser tomada con seriedad entre los grandes realizadores de cine. La única respuesta que se me ocurrió ante tales argumentos fue un nombre: Kathryn Bigelow.

Kathryn Bigelow se rehusa a ser encasillada y sus películas tienen un toque distintivo y personal que las separan de las formulaicas producciones "de estudio". Desde la extraordinaria película de vampiros Near Dark (ya comentada aquí hace un par de años), hasta la oscura pieza de ciencia ficción Strange Days (Días Extraños) y pasando por diferentes clases de drama y thriller como Blue Steel, Point Break (Punto de Quiebra), K-19: The Widowmaker, o The Weight of Water (El Peso del Agua), las cintas de Bigelow son claramente proyectos personales en los que explorar sus personajes y expresar un punto de vista es tan importante como contar una historia, y The Hurt Locker no es la excepción.

The Hurt Locker (Zona de Miedo) sigue a un esquadrón especializado en disponer de artefactos explosivos (EOD, por sus siglas en inglés) apostado en Irak como parte de la Compañía Bravo del ejército de los Estados Unidos. Cuando el oficial al mando de la unidad, el Sargento Matt Thompson (Guy Pierce) muere durante una detonación, el Sargento William James (Jeremy Renner) es enviado para reemplazarlo y acompañar al Sargento J.T. Sanborn (Anthony Mackie) y al especialista Owen Eldridge (Brian Geraghty) hasta que cumplan con su año de servicio. El problema para la pequeña unidad es que James es adicto a la adrenalina y acostumbra saltarse todas las medidas de precaución que se considerarían como estándar para una unidad con un trabajo tan peligroso como el EOD.

Tal vez el mayor acierto de The Hurt Locker es el hecho de que se mantiene al margen de la política detrás de la guerra. La gran mayoría de las películas realizadas hasta ahora sobre la intervención militar norteamericana en Irak parecen demasiado preocupadas en buscar explicaciones para el origen de la intervención o completamente enfocadas a excusar y/o juzgar y criticar la continua presencia del ejército estadounidense en la región. En vez de ello Kathryn Bigelow decide concentrarse en las personas que viven cualquiera de las dos situaciones, ya sea el sufrir la presencia en casa de un ejército extranjero, o el formar parte de una fuerza de ocupación en territorio hostil.

La película abre con una cita del periodista y corresponsal de guerra del New York Times Chris Hedges:
"The rush of battle is a potent and often lethal addiction, for war is a drug." (El Trance de la batalla es una potente y a menudo letal adicción, pues la guerra es una droga)
Esa adicción es ejemplificada perfectamente en la persona del sargento James, pues mientras todos sus compañeros buscan pasar el tiempo que les resta de servicio lo más seguros que sea posible y no tienen intenciones de regresar jamás, James expresa sus dudas sobre desear regresar a la vida civil, aún a pesar de ser el único miembro de la unidad casado y con un niño. La exploración del microcosmos de este pequeño grupo de soldados es lo que hace que The Hurt Locker resulte una película tan humana y emocional al tiempo que permite algunos vistazos al macrocosmos que es el conflicto armado en medio del cual se encuentran los personajes.

Me gustaría destacar el trabajo de cinematografía de la película, realizado por Barry Ackroyd, quien fue elegido para el trabajo luego de que la directora viese y quedase admirada con lo que hizo para Paul Greengrass en United 93 (otra exttraordinaria película que algún día necesito comentar aquí), trabajo donde logró momentos reminiscentes del llamado cinema verité. Para replicar ese efecto en The Hurt Locker utilizaron simultáneamente varias cámaras S16mm, lo que permitió a Bigelow editar utilizando varios puntos de vista y dar esa sensación de realismo e intimidad que se da a lo largo de toda la película.

Encuentro curioso que la directora originalmente no pensaba realizar esta película y se encontraba lista para iniciar la pre-producción de un proyecto diferente, pero fue su ex-esposo y frecuente productor James Cameron (una prueba más de que su su mejor trabajo en el cine rara vez se da detrás de la cámara) quien la convenció de dirigirla luego de leer el guión. Como premio ahora la verá convertida en su rival como la principal contendiente a llevarse el Oscar el próximo domingo.

Por cierto, en cuanto a mi amigo, el mencionar a la Bigelow no fue suficiente para hacerlo cambiar de opinión. Ahora resulta que incluso se convierte en su argumento final, porque es la excepción que confirma la regla. ¿Conoce alguien a alguna otra directora que pudiese desmentirlo?
google-site-verification: google16104568f5df7b5d.html