abril 06, 2010

Semana Santa

La semana pasada me tomé unos días de descanso en la blogósfera, no tanto porque me haya ido de vacaciones -que no lo hice- ni tampoco porque me preocupase que no fuera a haber nadie leyendo, si no simplemente para salirme un poco de la rutina y adelantar un poco con algunos asuntos que traigo pendientes. Esta semana retomaré la publicación normal de actualizaciones, pero quiero aprovechar este breve paréntesis en mis reseñas de libros y películas para darle salida a otro texto sobre mi filosofía personal en torno a la religión.

No puedo evitarlo, pues en esta época siempre es fácil toparse con algún pseudo-cristiano que no solo no tiene idea de los preceptos de su propia religión o de los orígenes de sus costumbres -que no es lo mismo que tradiciones- y no contento con ello insiste en juzgar a otros e intentar imponer su visión de lo que está bien y lo que debiera ser el comportamiento de los demás. Por eso mi Chuy (Chewie) favorito es el que se aquí a la derecha.

Me sigue sorprendiendo lo fácil que es ponerlos en evidencia con cuestiones tan simples como cuestionar la vigilia o preguntarles sobre el origen y el significado de la cuaresma, pues rara vez se encuentra uno con un creyente que sepa de que se trata, de donde viene su nombre o que es lo que se persigue celebrándola. Y luego no quieren que uno utilice creyente como sinónimo de crédulo y/o ignorante.

En casa se acostumbra comer pescado en estas fechas pero sin restricciones hacia ningún otro alimento, y generalmente me aseguro de al menos uno de los días "de guardar" tener una comida llena de carnes rojas, nada más por pura reafirmación de principios. Me gustan muchos platillos de pescado y/o mariscos, pero no tanto como para comer solo eso y durante varios días seguidos.

Me parece tonto eso de tener un ayuno simbólico a base de comer pescado, sobre todo tomando en cuenta que éste representaba la base de la dieta en el lugar y época en que supuestamente se desarrollaron los hechos conmemorados en estas fechas.

Creo que si realmente hubiese alguna clase de compromiso religioso los cristianos harían algo con más tinte de sacrificio personal que cambiar el menú del día. Al menos los musulmanes se fajan los pantalones para hacer algo como el Ramadan, carajo. Eso es compromiso con su religión (aunque, pensándolo detenidamente, tampoco me parece que ello sea necesariamente bueno).

En fin. Este texto solo era para ventilar un poco algunos de los disgustos que los fanáticos me hicieron pasar en los últimos días (inevitable, supongo, viviendo en Iztapalapa), y para recordar a mis lectores que las opiniones vertidas en este blog provienen de alguien generalmente identificado como ateo y/o hereje. Por cierto, por un amigo me enteré en estos días de la raíz etimológica de hereje. La palabra viene del latín hereticus, que significa opción y a su vez deriva del griego hairetikos, que literalmente significa capaz de elegir. Bajo esa perspectiva, considérenme orgulloso de ser hereje.
google-site-verification: google16104568f5df7b5d.html