diciembre 22, 2011

Reseña: Moving Pictures, de Terry Pratchett

Mundo Disco es una de las series de libros más divertidas que pueden encontrar, sobre todo si son aficionados a la fantasía, género que es homenajeado y parodiado por igual en las páginas de las numerosas novelas de Terry Pratchett, autor de esta excelente saga. Hay quienes piensan que el humor referencial y la parodia son fáciles, idea comprensible quizás al ver lo superficiales y simplonas que resultan las parodias realizadas a diversos géneros o temas, por ejemplo, en el cine.

Sin embargo, lo que Pratchett hace con las novelas del Mundo Disco va mucho más allá, pues en sus páginas el brillante autor británico ha creado un complejo mundo con sus propias reglas y lleno de personajes atractivos e interesantes, lo que permite que se trate de historias que pueden disfrutarse por igual sin importar si uno tiene o no las referencias a que está parodiando.

En el caso de Moving Pictures (Imágenes en Acción, en su edición española y reimpresiones mexicanas) lo que más me sorprendió es encontrar que el tema central es Hollywood y el cine, lo que representa un cambio respecto a los temas más tradicionales dentro del género fantástico.

En una colina desierta a cierta distancia de Ankh-Morpork, la más grande y decadente ciudad del Mundo Disco, muere en solitario el último sacerdote-guardián del secreto oculto bajo la colina. Esto permite la salida de una antigua magia que buscará afectar al mundo en busca de abrirse paso de nuevo en busca de conquistar el disco.

Los primeros afectados son los alquimistas de Ankh-Morpork, quienes desarrollan una sustancia llamada octoceluloide, cuyas propiedades permiten capturar imágenes en acción para después proyectarlas ante una sorprendida audiencia. Temiendo la reacción de los magos cuando se enteren de su descubrimiento, que bien podría ser confundido con magia, los alquimistas huyen de la ciudad con su invento y se establecen en la vieja colina abandonada.

Holy Wood, que es como se llama la colina, se convierte rápidamente en un poderoso imán de atención, atrayendo a toda clase de gente en busca de convertirse en parte de la mágica industria de las imágenes en movimiento.

Uno de esos que acuden al llamado es Cut-Me-Own-Throat Dibbler, un vendedor de salchichas de Ankh-Morpork capaz de vender lo que sea a quien sea. En muy poco tiempo Dibbler se convierte en el más importante productor de Holy Wood, creando historias cada vez más ridículas y ambiciosas, incrementando el efecto de atracción de la creciente ciudad. Otro personaje que atiende el llamado es Victor Tugelbend, un estudiante de la Universidad Invisible que durante años se ha esforzado para no graduarse como mago y poder seguir llevando la cómoda vida de estudiante. Victor se convierte rápidamente en la más grande estrella de Holy Wood al representar el papel del carismático héroe que vence a los monstruos y adversidades y siempre consigue a la chica.

La chica en cuestión suele ser Ginger, una atractiva joven proveniente de un pueblo del que nadie ha oído, y quien tiene un misterioso secreto ligado a lo que sea que acecha debajo de la colina. Entre Victor y Ginger existe una fuerte atracción que ambos se rehúsan a aceptar pero que es evidente para todos a su alrededor, incluyendo Gaspode, el perro maravilla. Gaspode en un perrito sucio y sin gracia que es sumamente inteligente y además puede hablar. Esto último lo mantiene en secreto por temor a lo que alguien más pudiera hacer con él si llegase a descubrirlo, por lo que solo habla con Victor, Ginger, y algunos otros animales que comparten su talento.

Victor y Gaspode descubren que debajo de la colina existe un portal a las Dimensiones Mazmorra, lugar donde habitan seres antiguos de enorme poder y maldad cuyo mayor deseo es cruzar a la dimensión del Mundo Disco y destruirlo por completo. La única esperanza recae en que Victor pueda emular a los personajes que representa y salvar el mundo.

La cantidad de referencias a la historia del cine y a momentos y escenas de películas clásicas de Hollywood es impresionante y debiera hacer las delicias de cualquier cinéfilo, en tanto que el humor fantástico está a la altura de lo que nos tiene acostumbrados Pratchett, con un rango que va desde las reglas básicas de la magia en el Mundo Disco, hasta los mitos del horror cosmogónico propio de Lovecraft. Otra ventaja que tiene esxta novela gracias a su tema central es que puede ser un buen punto de partida para quienquiera que nunca haya leído una historia del Mundo Disco y entenderla sin mayor problema.

Divertidísima y absolutamente recomendada.

diciembre 07, 2011

Reseña: In Time (El Precio del Mañana)

Es común escuchar frases como "El Tiempo es dinero", y ese parece haber sido el punto de partida de Andrew Niccol para escribir la historia de su más reciente película, In Time (El Precio del Mañana). Niccol se ha convertido en una de las voces más distintivas dentro del cine norteamericano por su peculiar acercamiento humanista a una temática de ciencia ficción.

Desde el estreno de Gattaca (Gattaca: Experimento Genético) en 1997, Niccol ha dirigido apenas un par de películas más (Sim0ne, Lord of War [El Señor de la Guerra]) y escrito otro par para otros directores (The Truman Show [Truman Show: Historia de una Vida], The Terminal [La Terminal]), presumiblemente por su renuencia a comprometer sus historias a los caprichos de estudios y productores.

El resultado es una filmografía breve y un tanto irregular, pero distintivano se puede negar que con cada uno de sus proyectos éste inusual director ha tenido algo que expresar y lo ha hecho en sus propios términos. En un futuro no tan distante, la ciencia ha avanzado hasta el punto de haber aislado el gen responsable por el envejecimiento del ser humano, permitiendo que todo mundo siga luciendo como de 25 años una vez rebasada esa edad.

Obviamente no todo puede ser tan fácil, pues la inmortalidad sería insostenible en un mundo con espacio y recursos limitados, por lo que existe un mecanismo de control. El tiempo es la mayor comodidad y como tal ha reemplazado al dinero como moneda de cambio. Al momento de nacer cada individuo es equipado con un reloj en el antebrazo, el cual indica el tiempo que le queda. El reloj marca un año y empieza a correr de manera regresiva al cumplir los veinticinco años.

La clase trabajadora rara vez tiene más de veinticuatro horas en su reloj, obligados a vivir, literalmente, día a día. Will Salas (Justin Timberlake), un obrero en una fábrica de cápsulas de tiempo. Will vive con su madre (Olivia Wilde) y, como casi todo mundo, apenas se las arreglan para sobrevivir. Todo cambia la noche en que Will se arriesga para salvar la vida de Henry Hamilton (Matt Bomer), un acaudalado hombre de más de cien años de edad y quien porta en su reloj más de un siglo. Hamilton está a punto de ser asaltado, pero Will lo ayuda a escapar y lo esconde durante la noche.

Hamilton explica a Will la forma en que funciona el sistema y lo hace entender porque resulta injusto que haya inmortales cuando tanta gente no consigue sobrevivir siquiera el tiempo que sería una vida natural. Mientras Will duerme, Hamilton le transfiere casi todo su tiempo, dejando apenas unos minutos para alejarse de ahí. Junto con su inesperado regalo, Hamilton deja a Will un mensaje: "No desperdicies mi tiempo".

Will no sabe que hacer pero tiene algunas ideas. Lo primero es encontrarse con su madre para compartir su fortuna y buscar un lugar donde vivir lejos de la miseria que los ha rodeado toda su vida. Sin embargo, los constantes incrementos en el costo de la vida le juegan una mala pasada y su madre fallece ante él antes de que pueda compartir tiempo con ella. Decidido a hacer algo por cambiar el sistema, Will se dirige a New Greenwich, la ciudad más grande e importante y donde solo los ricos pueden vivir.

Decidido a hacer lo posible por acabar con el sistema, Will va a un casino y pronto multiplica su fortuna. Así conoce a Philipe Weis (Vincent Kartheiser), uno de los hombres más ricos del mundo, y a su atractiva hija, Sylvia (Amanda Seyfried). Durante una fiesta en casa de los Weis, Will es arrestado por el Guardián del Tiempo Raymond Leon (Cyllian Murphy), como sospechoso del homicidio de Hamilton.

Will escapa y toma a Sylvia como rehén, llevándola hasta su viejo vecindario. Ella está horrorizada al ver las condiciones en que vive la gente, y cuando descubre la mezquindad de su padre opta por quedarse con Will y hacer lo que pueda para destruir el sistema. Pronto se convierten en asaltantes de bancos, de donde sacan las cápsulas de tiempo para repartirlas entre la gente pobre, lo que los pone entre los criminales más buscados en varias ciudades.

Como ya es costumbre en las películas de Niccol, la historia está llena de ideas, pero en este caso la mayoría de ellas no están del todo aterrizadas y el resultado es la película más floja del director. En general la película parece tener piernas para sostenerse y correr con algunas de sus descabelladas ideas, pero una vez que la historia se convierte en una versión futurista de Bonnie & Clyde ya no hay forma de rescatarla.

Las actuaciones en general son bastante buenas, pues a pesar de no tratarse ni de lejos del mejor trabajo que he visto de ninguno de los involucrados, todos ellos realizan un trabajo bastante sólido. Mi único pero en ese aspecto sería con la pareja protagónica, pues a pesar de que ambos realizan actuaciones cumplidoras, no puedo recordar cuando fue la última vez que vi una película donde los protagonistas sufriesen de semejante carencia de química entre ellos. Supongo que eso es lo que hace que el último tercio de la película falle de tan mala manera, pues su relación toma punto central en el desarrollo de la historia y simplemente no funciona.

Lástima por Niccol, quien no trabaja tan a menudo y me había acostumbrado a un estándar de calidad que en esta ocasión no pudo cumplir. Aún así, se trata de una película medianamente entretenida que puede servir para pasar el rato. Eso no tendría nada de malo, de no ser por el hecho de que claramente la intención era exponer ideas y jugar con ellas dentro de una historia.

Recomendada, pero con bastantes reservas.

diciembre 02, 2011

Reseña: The Marching Season, de Daniel Silva

Uno de mis géneros favoritos es el del thriller de espionaje, cuyo más importante exponente es desde hace más de veinticinco años Tom Clancy. La serie más popular y conocida del afamado autor norteamericano es lo que se conoce como el Ryanverso, al tratarse de historias protagonizadas en su gran mayoría por Jack Ryan, analista de la CIA. Esa serie incluye novelas como The Hunt for Red October (La Caza al Octubre Rojo), Clear and Present Danger (Peligro Inminente), The Cardenal of the Kremlin, Patriot Games (Juegos de Patriotas), The Sum of All Fears (La Suma de Todos los Miedos), Debt of Honor (Deuda de Honor), Executive Orders, y Rainbow Six, entre varias otras.

El éxito de esas novelas ha sido tal que alrededor de ellas se ha creado un imperio multimedia, con varias de ellas llevadas al cine con bastante éxito, y algunas más dando origen a una serie de videojuegos muy populares.

Lamentablemente la prosa de Clancy ha perdido fuerza y el famoso escritor es ahora más una marca que un autor, tal como describí las últimas dos veces que me encontré con su trabajo, primero con ruthless.com, una de las novelas corporativas que se publican en su nombre -donde ya ni siquiera aparece un crédito al escritor de las mismas-, y más recientemente con Teeth of the Tiger, cuando intentó darle nueva vida al Ryanverso al transferir el protagonismo al hijo y sobrinos de Jack Ryan, ambas decepcionantes por malas.

Cada cierto tiempo aparece algún autor a quien promocionan como "el nuevo Tom Clancy", y Daniel Silva no fue la excepción. Me había topado con su nombre en varias ocasiones, pero como no suelo hacer caso de esos baratos intentos de promoción nuca había buscado sus libros. Hace un par de meses, durante una de mis acostumbradas visitas a una librería de viejo, me encontré con The Marching Season, y me pareció buen momento para comprobar si el autor estaba a la altura de los comentarios.

Una cita promocional de un reconocido periódico estadounidense lo proclama como "el sucesor de Tom Clancy", así que supuse que en el mejor de los casos podría resultar cierto al menos para mi, y en el peor simplemente pasaría a la lista de autores probados y descartados.

El protagonista de la novela es Michael Osbourne, un agente de campo retirado de la CIA, quien decide regresar al servicio cuando su suegro es asignado como embajador estadounidense en el Reino Unido tras una serie de atentados que buscan reavivar el conflicto en Irlanda del Norte, a fin de encargarse de supervisar su seguridad, sobre todo porque sospecha que October, el misterioso asesino responsable de que decidiese retirarse, está vivo y activo.

Silva tiene un estilo narrativo sumamente dinámico, y si existe una razón para compararlo con Clancy es una positiva, pues tiene gran habilidad para proporcionar grandes cantidades de información que enriquecen el trasfondo de su historia sin que ello afecte a la narrativa. Sus personajes están bien definidos y sus acciones siempre son congruentes con la personalidad que el autor les concedió, punto que suele ser el talón de Aquiles de la mayoría de autores de thrillers policiacos y/o de espionaje, quienes suelen poner mayor énfasis a la trama y a los constantes giros de tuerca en la misma, dejando la caracterización como algo secundario o, en el mejor de los casos, opcional.

De hecho, Silva hace tan buen trabajo con sus personajes, que me tomó un puñado de capítulos darme cuenta de que este libro es secuela de The Mark of the Assassin, una novela publicada anteriormente, donde se narra el primer enfrentamiento entre Osbourne y October.

The Marching Season es una emocionante y entretenida novela que debiera resultar del agrado de cualquier aficionado al género, con el atractivo adicional de que ofrece una gran cantidad de datos tanto históricos como socio-políticos del conflicto entre Inglaterra e Irlanda por el territorio de Irlanda del Norte.

Sumamente recomendada.