abril 17, 2008

Jumper

Hayden Christensen se convirtió en una figura conocida e identificable gracias a haber sido seleccionado para interpretar el papel de Anakin Skywalker en las precuelas de Star Wars, lo que aparentemente representa cierto atractivo para algunos productores, quienes presumiblemente esperan que el reconocimiento de su nombre pueda convertirse en un imán de taquilla entre el público adolescente. Ignoro hasta que punto les resulte la estrategia, pero me atrevería a afirmar que su selección para integrar un elenco no es algo que facilite el trabajo de un director. No por nada Christensen se ha ganado fama de actor limitado y su rango de expresiones faciales (o mejor dicho, la carencia de ese rango) le han ganado un mote que hace mofa del papel que lo lanzó a la fama: Mannequin Skywalker (Maniquí Skywalker).

Con eso en mente fui a ver Jumper, la más reciente película de Doug Liman. Jumper cuenta la historia de David Rice (Christensen), un joven que en su adolescencia descubrió que tenía una habilidad bastante inusual: la capacidad de transportarse a cualquier lugar que pueda visualizar con claridad.

David acostumbra saltar de uno a otro lado del mundo sin mayores preocupaciones, pues el dinero y el tiempo no representan ningún problema, pero su vida se complica cuando aparece Roland (Samuel L. Jackson), el misterioso líder de una organización llamada "Paladines", la cual se dedica a perseguir y exterminar jumpers, que es como llaman a aquellos con la capacidad de teletransportarse. Pronto David se encuentra corriendo por su vida y por la de Millie (Rachel Bilson), la chica de quien estaba enamorado en la secundaria y a quien buscó al empezar a huir.

Cuando David es contactado por Griffin (Jamie Bell), un jumper igual de joven que él pero con más experiencia en el uso de sus habilidades, tiene que enfrentar la idea de que sus poderes no son únicos y de que tal vez debiera ser más responsable y cuidadoso al usarlos. Griffin le explica que la guerra entre jumpers y paladines se ha librado durante siglos y que no es seguro usar sus poderes de manera abierta ni establecerse en un lugar fijo o con lazos sentimentales. David decide unirse a Griffin para enfrentar a Roland aún cuando no está demasiado seguro de compartir la ideología y métodos de Griffin.

Liman tiene experiencia dirigiendo por igual dramas adolescentes y/o de relaciones interpersonales (Swingers, Go, The O.C.) y películas de acción (The Bourne Identity, Mr. and Mrs. Smith), lo que parecía señalarlo como el director ideal para llevar Jumper a la pantalla. Basada en el libro de ficción juvenil del mismo título de Steven Gould, Jumper tampoco parecía tener problemas en cuestión de guión, pues en el trabajaron David Goyer (Dark City, Blade, Blade II, Batman Begins), Jim Uhls (Fight Club) y Simon Kinberg (Mr. and Mrs. Smith). Con ese personal cuesta un poco entender que pudo haber fallado con la película, pues se trata de una irregular cinta de aventuras llena de huecos narrativos y vacía desde el punto de vista emocional.

Cada vez que Bilson y Christensen comparten escena el ritmo de la película se reduce a un cero casi absoluto, y dado que ambos manejan el mismo rango de expresiones faciales y trabajo emocional (es decir, ninguno), el espectador se encuentra esperando que se besen rápidamente y podamos pasar a otra escena. Jackson parece haber decidido aceptar cuanto papel le es ofrecido en una película de acción y aventuras, y tristemente solo está consiguiendo devaluar su imagen de icono pop del cine hollywoodense contemporáneo. Imprime a Roland un alto nivel de intensidad, pero esta no tiene un punto focal que la justifique, pues la postura de fanático religioso nunca es desarrollada y se siente falsa y vacía.

Aparentemente el único actor que se estaba divirtiendo durante la filmación era Jamie Bell, y se nota. Griffin exuda emoción y excitación cada vez que aparece en escena, ya sea remembrando su tortuoso pasado o repasando su existencia actual, convertido en un implacable cazador de paladines. Hacia la mitad de la película yo me encontraba esperando que en cualquier momento alguien matara a David y permitiera que Griffin se convirtiera en el centro de la historia. No cabe duda que el joven actor ha avanzado bastante desde su debut en Billy Elliot. La película ha tenido una pobre aceptación en cuestión de críticas, pero aparentemente en taquillas no le ha ido nada mal e incluso el videojuego (ese si protagonizado por Griffin) se ha convertido en un éxito moderado, provocando el anuncio de una secuela para el 2011.

Ojalá el estudio evalúe la cinta y se deshaga de Christensen a tiempo para convertir esta franquicia en el puro y unadulterado entretenimiento que debería ser.
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