junio 27, 2012

Reseña: Prometheus (Prometeo)

En 1979 la industria cinematográfica era algo bastante diferente a lo que es hoy día, y la ciencia ficción solía tener una aceptación bastante más reacia de parte tanto del público como de la crítica, y tal vez esa situación sea la que hace de Alien (Alien: El Octavo Pasajero), de Ridley Scott, una película tan importante y valorada.

Cuando se anunció que existía la intención de la 20th Century Fox de crear una película que revitalizase la saga, esto generó preocupación y molestia de muchos de los fans. Las secuelas no hicieron nunca honor a la original (sostengo mi opinión de que adaptar Starship Troopers no debiera ser considerado como hacer una secuela), y poco a poco se fue dañando el prestigio de la serie. Cuando se anunció que el responsable de esta película sería el propio Scott, la cosa cambió un poco, sobre todo porque se rumoraba que pensaba incluir a Sigourney Weaver en el proyecto.

El clima de desconfianza y preocupación regresó cuando se anunció que sería una precuela, lo que nunca resulta bien, y más aún, que tendría solo lazos tangenciales con la película clásica del '79. Los avances previos al estreno disiparon dudas y todo mundo esperaba ver un nuevo clásico de ciencia ficción. Y eso no fue precisamente lo que encontramos.

A finales del siglo XXI, los doctores Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) y Charlie Holloway (Logan Marshall-Green), una pareja de investigadores, han reunido evidencia suficiente de que visitantes de otros mundos visitaron la Tierra en el pasado remoto. y están convencidos de que dejaron instrucciones a nuestros ancestros para poder encontrarlos en la inmensidad del espacio cuando estuviesemos listos para hacerlo.

Peter Weyland (Guy Pierce), multimillonario propietario de la empresa que lleva su apellido, se convence de su idea y acepta financiar una expedición a bordo de la nave Prometheus para llevarlos a conocer a nuestro creador. Sin embargo, lo que la expedición descubre al llegar al planetoide en cuestión dista mucho de ser el epifánico y filosófico encuentro que Shaw y Holloway esperaban.

Antes que nada me gustaría señalar que difícilmente encontrarán dos películas más diferentes que Alien y Prometheus. La primera era un ambicioso pero humilde intento de contar una historia de horror en el espacio, en tanto que la segunda es una super-producción de un estudio que busca capitalizar la marca y el nombre del director de ambas. Una presenta a un grupo de trabajadores atrapados con lo desconocido, la otra a un grupo de turistas científicos en busca de las respuestas universales.

Ridley Scott tampoco es el mismo director que hiciese Alien hace más de treinta años. Su manera de trabajar, su estilo narrativo, e incluso sus intereses e inquietudes, han cambiado, y así es como debe ser. O lo que es lo mismo: Si piensan ver Prometheus esperando que Ridley Scott pueda devolvernos lo que alguna vez fue Alien, están en un grave error y debieran evitar hacerlo a toda costa. Aunque también existe la posibilidad de que lo que recuerden acerca de Alien y la realidad sean cosas totalmente diferentes, en cuyo caso lo anterior no importa en lo más mínimo.

Prometheus parte de una premisa arriesgada y se lanza a la aventura de tomar dos de las grandes interrogantes de la humanidad, ¿quiénes somos? y ¿de dónde venimos?, y trata de responderlas en una fastuosa producción llena de teología hueca y preciosistas efectos especiales. Y cumple con su promesa, pues nos da respuestas a las interrogantes antes mencionadas. Que sean o no buenas respuestas ya es otro tema de discusión y no pienso abordarlo en este espacio.


La película está narrada a buen ritmo y resulta bastante entretenida para la gran mayoría de públicos, pero tiene muchos problemas que pueden causar molestia a alguna parte de su audiencia. Por principio de cuentas, el guión tiene unos agujeros argumentales por los que podríamos hacer cruzar un carguero espacial, pero no estoy tan convencido de que esto no sea intencional, pues es obra de Damon Lindeloff y todos sabemos el éxito que representó contar cosas a medias en Lost.

Más grave quizás, resulta el hecho de que los diálogos sean tan pobres pese a tratarse de un grupo de científicos interpretados por un talentoso conjunto de actores. Idris Elba, Charlize Theron y Michael Fassbender son lanzados a escena sin mucho con que trabajar, con la única posible excepción de Fassbender, quien hace de su interpretación de David uno de los puntos altos de la película.


Y creo que ese es precisamente mi problema con Prometheus, pues se trata de una película que me gusta y me irrita casi a partes iguales. Las partes que me gustan, me gustan mucho, pero los detalles que me molestan, me molestan demasiado. Es como tener un pastiche de ideas a medio cuajar, como un dulce pastel de su sabor favorito, pero plagado de piedritas que amenazan con romperte los dientes si te dejas levar por el entusisamo.

A fin de cuentas Prometheus es una entretenida película de ciencia ficción que debiera resultar del agrado de la gran mayoría de la gente, pero con demasiado contenido teológico e ideas a medio realizar como para satisfacer a los aficionados a una cf más rigurosa y disciplinada, con severos problemas de contenido, pero contada por un experimentado narrador visual que le saca todo lo posible al guión que tiene. Es decir, una película que debieran ver para sacar sus propias conclusiones.

Recomendada, pero con algunas reservas.
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