febrero 16, 2009

The Spirit

Supongo que es perfectamente adecuado que toda la promoción de esta película se haya realizado utilizando el nombre de Frank Miller, incluso al extremo de poner en los posters Frank Miller's The Spirit, omitiendo por completo cualquier mención a Will Eisner, porque sin importar lo que piensen de la película, les haya gustado o no, es un hecho que tiene realmente muy poco que ver con el Spirit de Will Eisner.

Ahora, en cuanto a la controversia generada por la película en el sentido de que tan mala es, y dado que pese a todos sus defectos cuenta con una gran cantidad de defensores que apenas se quedan cortos de proclamarla como una obra maestra, considero necesario establecer una postura al respecto. The Spirit no es una buena película. Pero tal vez, por razones que expondré a continuación, resulte injusto afirmar que se trata de una mala película. Supongo que lo único que me queda es decir que no es ni buena ni mala, simplemente... diferente. Sé que suena a mal chiste, pero a pesar de que yo tenía toda la predisposición del mundo para hacerla pedazos en cuanto la viera y humildemente poner en su lugar a Frank Miller, debo admitir que la afronta no era para tanto.

Con esa aclaración fuera del camino, me dirijo a todos aquellos ajenos al arte secuencial: Si no les gustan los comics y/o no tienen el más mínimo interés en el arte secuencial y su lenguaje narrativo, en su estética y recursos visuales, no pierdan su tiempo y su dinero. Detestarán la película. Me tocó ver a varias personas abandonando la sala pasada media hora de la proyección, y unos más alrededor de la hora, quienes asumo esperaban algo completamente diferente a lo que estaban viendo. Visualmente la película maneja una estética muy similar a la de Sin City, algo que era perfectamente notorio desde los primeros avances y fotos promocionales de la película.

La historia está más o menos apegada al origen del entrañable justiciero de Will Eisner, pero los cambios realizados por Miller debieran ser suficientes para crearle piedritas en el estómago a los fans más puristas del viejo maestro del medio comiquero. Lamentablemente para su causa, Miller está demasiado casado con sus herramientas de trabajo como creador de comics y novelas gráficas. Su lenguaje cinematográfico no existe, y pese a las múltiples coincidencias entre cine y comic como medios visuales, elementos que funcionan de manera efectiva en uno no siempre se trasladan bien al otro, lo que en este caso trabajó en contra de Miller.

La impresión que le queda al espectador es la de estar viendo un comic filmado en vez de una película adaptada a partir de un comic, pero a diferencia de Sin City, el resultado no logra consolidarse con identidad propia. La sensación de que la versión de Miller de The Spirit pudo haber resultado en un gran comic se ve reforzada al ver las imágenes que creó para los storyboards de la película, mismas que se pueden ver adornando la secuencia de créditos finales. Lástima, porque una vez más se confirmó aquello de zapatero a tus zapatos, porque Frank Miller, como director de cine, resultó un gran historietista.
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