septiembre 11, 2009

Drag Me to Hell

Sam Raimi es un director al que poca gente asocia con el género de horror, aún cuando fue en este género donde empezó su carrera como director, siendo su primer largometraje The Evil Dead (El Despertar del Diablo), en 1981. A esa película seguirían dos secuelas, Evil Dead II (El Despertar del Diablo 2), en 1987; y The Army of Darkness (El Ejército de las Tinieblas), en 1992. Entre esas películas Raimi hizo sus primeros escarceos en otros géneros, dirigiendo cintas como Crimewave o Darkman (El Rostro de la Venganza). En los 1990s enfocó su carrera hacia un cine más comercial, dirigiendo para grandes estudios películas como The Quick and the Dead (Rápida y Mortal), A Simple Plan (Un Plan Sencillo), o The Gift (Testigo), antes de alcanzar el éxito masivo con la trilogía de Spider-man.

Parece ser que antes de lanzarse de lleno a la continuación de las aventuras del popular superhéroe de Marvel Comics, Raimi decidió revisitar sus raíces dirigiendo Drag Me to Hell (Arrástrame al Infierno). Curiosamente, Drag Me to Hell no es una historia nueva, pues se trata de un guión que el director y su hermano Ivan completaron poco despues de filmar The Army of Darkness, misma que también escribieron juntos. La sucesión de proyectos de alto perfil y la naciente carrera de Raimi como productor fueron haciendo que el guión fuese quedando relegado hasta casi caer en el olvido.

Tal vez los insistentes rumores de que el director prepara una cuarta película de la saga de Evil Dead sean ciertos y Drag Me to Hell haya sido una herramienta usada por Raimi para desenpolvar sus habilidades en el género antes de regresar a la serie que lo lanzó a la fama, o quizás simplemente haya reencontrado su guión mientras se tomaba un sabático tras Spider-man 3. Sea como sea, Drag Me to Hell representa un oasis de frescura en una época en que la producción de horror en Hollywood parece estar limitada a realizar remakes de películas extranjeras, remakes de películas de los 1970s y 80s, o producir gore crudo e insustancial.

Drag Me to Hell cuenta la historia de Christine Brown (Alison Lohman), una joven y ambiciosa empleada bancaria que aspira al cargo de vicepresidente que recientemente quedó vacante en su trabajo. Su jefe (David Paymer) le informa que aún cuando ella es uno de los candidatos para ocupar el cargo, el banco busca a alguien capaz de mostrar determinación y mano dura a la hora de tomar decisiones. Con esa idea en mente, Christine rechaza la solicitud de una tercera prórroga hipotecaria que hace una anciana gitana, quien ante la perspectiva de perder su casa suplia y se humilla ante Christine. Despechada, la anciana pone una maldición sobre Christine, asegurándole que pronto será ella la que tenga que suplicar.

Pronto empiezan a sucederse hechos que ponen en duda la cordura de Christine, o al menos eso es lo que piensa su escéptico novio, Clay (Justin Long). Tras consultar con un ocultista, éste explica a la pareja que la maldición que pesa sobre Christine es una antigua maldición gitana, y que a menos que consiga apaciguar al espíritu que la acosa, el Lamia, corre el riesgo de ser, literalmente, arrastrada al infierno. Tras reclutar la ayuda de la curandera y espiritista Shaun San Dena (Adriana Barraza) para intentar deshacerse del demonio en cuestión, las opciones de Christine parecen agotarse. ¿Hasta donde será capaz de llegar para salvarse? ¿Será capaz de renunciar a su integridad a cambio de salvar su alma?

Raimi crea una efectiva mezcla de horror y humor que por momentos resulta reminiscente de su trabajo en The Evil Dead, aunque nunca llega a alcanzar el nivel de esa película. A pesar de mantener la sangre y el gore en general al mínimo, el eficiente montaje de las escenas, apoyado mañosamente en la edición de audio, ayuda a convertir a Drag Me to Hell en una de las experiencias más agradables en varios años para el aficionado al cine de horror, ofreciendo una disfrutable dosis de sobresaltos y risas a lo largo de casi toda la película. Creo necesario comentar que el tono de la película raya en la farsa, lo cual puede molestar a algunas personas. También creo importante mencionar que la película es increíblemente ruidosa, pues como mencioné antes, el sonido es una parte fundamental del montaje realizado por Raimi.

Si les gusta el cine de horror ligero y sin complicaciones pero les molesta la vacuidad de la mayoría de slasher films y festivales gore que parecen ser la única oferta actual en el medio, Drag Me to Hell es la película para ustedes. Si desean pasar un rato brincando en su asiento entre risas y sobresaltos, no se me ocurre una mejor opción que esta. Al menos a mi me divirtió muchísimo.
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