febrero 03, 2010

Twilight - Stephenie Meyer

Uno esperaría que solo al leer el título de este texto, o quizá al ver la imagen que lo ilustra, mis lectores, especialmente aquellos que se supone son mis amigos, debieran empezar a dar signos de preocupación. Porque he de admitir que si, lo hice. Leí Twilight, la "novela romántica de vampiros" que parece haber puesto de cabeza a la población femenil adolescente del planeta. Debo aclarar que al menos un par de amigos si me habían advertido hace algún tiempo que no lo hiciera, pero en fin, ya es tarde para lamentaciones.

En realidad todo es culpa de mi hermana, quien decidió hace algunas semanas que pensaba leer la saga completa. Empecé a hostigarla, sugiriéndole que emplease su tiempo en alguna lectura más profunda y/o constructiva -es decir, cualquier libro, revista o folleto que le cayese en las manos-, pero no me hizo caso. Y entonces me la reviró: "¿La has leído? ¿O estás criticando nomás porque si?"

 Se trata de un argumento perfectamente válido, claro, sobre todo tomando en cuenta que mi juicio y críticas estaban basados en suposiciones, opiniones de terceros, y avances de las películas. Luego entonces, decidí hacer uso de mi casi nunca usada habilidad para hacer lectura de velocidad -tratándose de ficción prefiero que la historia misma me vaya marcando el ritmo- y aprovechando que ya no hay juegos de NFL los domingos a mediodía, le dediqué algunas horas a esta... novela.

Y solo para confirmar que, como suele ser el caso, tenía yo razón. Es un asco de libro, los diálogos parecen extraídos de una mala telenovela de Televisa -si, porque hasta en esas hay niveles-, la historia es sosa, cursi y predecible, y por si fuera poco, excesivamente larga. Creo que ni Stephen King en sus peores momentos se ha atrevido a alargar tanto de manera innecesaria alguna historia. Más de quinientas páginas utilizadas para narrar algo que no debió haberse llevado más de doscientas, especialmente tomando en cuenta que no existe el mínimo de desarrollo de personajes, ni principales ni secundarios, el intento de sembrar alguna subtrama principal que sea explorada en futuros libros es pobre en el mejor de los casos y lo limitado del lenguaje utilizado por la autora es de auténtica pena ajena.

Sin embargo, dicho lo anterior, ahora puedo dedicarme a criticar inmisericordemente el libro frente a quien sea. Ya hice la prueba un par de veces, y puedo decir que aún a regañadientes, un par de adolescentes ya me han concedido la razón sobre algunos de los puntos que menciono arriba. Lo que es un hecho es que ahora si no hay fuerza en el mundo que me haga tomar algún otro libro de la autora o siquiera acumular el morbo necesario para echarle un vistazo a alguna de las películas. Definitivamente, no lo vuelvo a hacer.
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