marzo 07, 2007

Pathfinder

Conquistadores es una película que había llamado mi atención desde que vi por primera vez uno de los posters promocionales, todos los cuales presentan imágenes reminiscentes del Death Dealer de Frank Frazzetta. La premisa es bastante simple: vikingos contra pieles rojas. Y no, no estoy hablando de futbol americano. Según cuentan en los avances y en el texto introductorio en la película, los vikingos llegaron a las costas de América 600 años antes que Colón, lo cual es cierto, y lo hicieron matando y destruyendo indiscriminadamente a su paso. Pero al retirarse, olvidaron a uno de los suyos. Quince años después han regresado, y lo único que los puede detener es el joven a quien olvidaron años atrás siendo un niño, quien fue adoptado y criado por los nativos y ahora es un fuerte y habilidoso guerrero.

Después de ver los avances de la película no tenía demasiadas expectativas acerca de la historia, pero los visuales se veían suficientemente atractivos e interesantes como para desear ver la película. Lamentablemente se trata de otro de esos casos en que las mejores escenas de la película son incluídas en el trailer y el resto no es precisamente material de primer nivel. En relación a la premisa original de "dejaron atrás a uno de los suyos", era algo que me molestaba un poco. ¿Qué hacía un niño de 10 años con una avanzada de invasión? y ¿Cómo fue que lo dejaron? No tenía mucho sentido, a menos claro, que se tratase de una comedia titulada "Mi Pobre Vikinguito" y nadie nos hubiese advertido al respecto. (Gracias a Diego por la idea del nombre).

Y eso es algo -tal vez lo único- que en la historia es corregido adecuadamente. Resulta que el niño en cuestión es hijo del caudillo de la horda invasora y parece ser que su padre lo llevó en una especie de rito de iniciación. Lamentablemente es en esa misma escena retrospectiva que empiezan los problemas. El niño porta una espada -porque todo niño de 10 años debiera ser capaz de cargar y blandir una espada vikinga, ¿cierto?-, que no solo no es tan grande sino que es... bonita.

No soy ningún experto en historia o en espadas, pero he leído bastante y creo que a lo largo de los años he acumulado más conocimientos al respecto que la mayoría de la gente. Y sé que los herreros vikingos no eran precisamente artesanos ni se caracterizaban por crear bellas piezas decorativas, especialmente si estamos hablando del siglo IX, así que no entiendo porque la espada que tiene el niño debiera ser una espada de doble filo con runas grabadas sobre la hoja y el pomo de la empuñadura decorado con la forma de una cabeza de serpiente o dragón.

Quiero aclarar que me gustan mucho las espadas y normalmente no me quejaria por ver una preciosa obra de arte en lugar de la pesada y tosca tira de acero prácticamente sin filo que eran las espadas vikingas. El problema es que momentos después se ve a Ghost -nombre dado al muchacho por su familia adoptiva- haciendo katas en el lago. Perdón por el uso de ese término, pero no se me ocurre otra forma de llamarles. Kata significa forma, y es así como se llama al entrenamiento de artes marciales con o sin armas a partir de poses y movimientos calculados.

Insisto, no me gusta pensar en una película como algo que debiera ser factual o históricamente correcto, a menos que desde un principio la cinta presuma de serlo, pero también creo que ninguna película debiera dificultar o imposibilitar la suspención de las incredulidad a su audiencia. Así que el pequeño grupo que conforma la resistencia aborigen, conformado por Ghost, un anciano, el mudo o tontito de la aldea, y una mujer, termina siendo un triste y patético intento de ser políticamente correctos. Y el hecho de que consigan ir mermando a las fuerzas invasoras a partir de trucos baratos y poco ingeniosos no ayuda en nada.

Comentaba a algunos amigos que me recordaba un poco a la película Toy Soldiers, donde un grupo de niños frustaba los planes de unos terroristas que ocupaban su colegio. La principal diferencia entre Toy Soldiers y Pathfinder es que mientras aquella resultaba bastante divertida y entretenida, Pathfinder se siente sosa y sin sentido. Y si bien yo no esperaba que la historia le hiciera mérito a los visuales, también por ese lado salí decepcionado.

La fotografía es dispareja a lo largo de la película. Cuando la acción transcurre de noche la imagen es oscura pero muy nítida y el cinematógrafo juega mucho con la luz de la luna. Las tomas entre los árboles están mayormente bien filmadas, pero en cuanto transcurre un poco de acción en espacios abiertos o en la nieve, pareciera que ni director ni cinematógrafo saben con que llenar el cuadro. Mientras buscaba fotos para ilustrar este texto descubrí un dato que pudiese ser significativo. La película solo se ha estrenado en algunas partes de Latinoamérica. Estados Unidos y Europa aún están pendientes, y en el caso particular de los EEUU el dato llama la atención. La fecha original de estreno en la Unión Americana era a mediados de noviembre. Luego se cambió para fines de enero y ahora está anunciada para el 20 de abril. ¿Por qué tantos retrasos? No lo sé. Y viendo lo que Marcus Nispiel hizo con esta película ahora tengo aún menos ganas de ver su remake de The Texas Chainsaw Massacre.

Para finalizar, creo que puedo afirmar que Pathfinder es, a lo más, una película dominguera y palomera. O en el caso de México tal vez debiéramos decir miercolesera. Lo cual es una lástima, primero porque realmente esperaba disfrutarla, y segundo porque me parece una pena que Karl Urban no pueda hallar un protagónico que le permita explotar su carisma y potencial como estrella de acción/aventura. Y para que no digan que los dejo con una queja, aquí hay una imagen en grande (dando click sobre ella, claro) de uno de los posters de la película, que a fin de cuentas resultaron ser lo mejor de la misma.

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