julio 01, 2009

The Crystal World

Hace un par de meses, cuando comenté acerca del fallecimiento de J.G. Ballard, mencioné que días antes había estado a punto de leer otro de sus libros. Varios otros se interpusieron antes de que finalmente decidiese regresar al que pretendía leer en aquel entonces: The Crystal World (El Mundo de Cristal).

The Crystal World sigue al Dr. Edward Sanders, un médico de origen británico que atiende una colonia de leprosos en África Occidental, mientras éste se dirige hacia Mont Royal, una provincia en medio de la jungla donde Max y Suzanne Clair, un matrimonio de médicos que anteriormente trabajó con él, han establecido una pequeña clínica. Años atrás, Sanders y Suzanne sostuvieron un romance, y una carta de ella parece haber propulsado su súbito deseo de hacer el viaje para verla otra vez.

La carta en cuestión contiene algunas crípticas referencias a una "casa de joyas" y a los lugareños portando "coronas de luz". Sanders ve en esas aluciones algo más que una simple licencia poética de parte de su ex-amante, y si eso no fuese suficiente para generar su curiosidad, la carta pasó por un censor gubernamental, quien aparentemente estaba más preocupado porque ésta no incluyese una dirección o ubicación geográfica específica que por cualquier otra clase de información que pudiese haber en la misiva.

Sanders se embarca hacia Port Matarre, de donde piensa continuar el viaje hacia Mont Royal, pero al llegar a esa población descubre una intensa actividad militar, misma que incluye una fuerte revisión de los pasajeros llegados a bordo del barco. Durante el viaje Sanders conoce a Ventress, un enigmático arquitecto belga que parece tener su propia agenda en Mont Royal, y al Padre Balthuz, un cura católico de quien el Dr. sospecha no es realmente un hombre de fe.

Tras pasar una ligera -probablemente debido a su conocido trabajo en un lepresorio- revisión por parte de las autoridades, sanders descubre que no existe ningún medio de transporte disponible para seguir su viaje. Al registrarse en el hotel conoce a Louise Peret, una joven reportera de origen francés quien le recuerda, más por contraste que por parecido, a Suzanne, y pronto inicia una relación con ella. Es por ella que se entera de que la selva en los alrededores de Mont Royal está pasando por alguna clase de transformación y que esa es la razón por la que el ejército ha decidido limitar el contacto con la zona en la medida de lo posible pero sin llegar a un aislamiento total.

Decidido a averiguar que hay detrás de tanto misterio, Sanders renta un bote y junto con Louise se embarca rumbo a la zona afectada. A mitad del camino se encuentra con un retén militar donde, para su sorpresa, no intentan disuadirlo para volver ni le ocultan información. Le explican la situación e incluso lo invitan a acompañar a una partida de avanzada para que pueda ver por si mismo el fenómeno que ha causado tanta conmoción en la localidad: la selva se está cristalizando.

Los árboles y la vegetación en general se están convirtiendo poco a poco en una masa de prismas multicolor, e incluso los animales se están viendo afectados. Cocodrilos con una nueva coraza iridiscente se arrastran por la orilla del río, mismo que en algunas partes empieza a cubrirse de una rígida capa de escarcha. De acuerdo con los militares, hay reportes de que fenómenos similares se están dando en los pantanos de Florida y en las ciénagas de Pinsk, en la Unión Soviética. La explicación para el fenómeno se da de manera científica pero sin profundizar demasiado, aunque la idea es bastante clara. El mundo como lo conocemos está próximo a su fin de una manera lenta pero implacablemente segura, y se trata del final más hermoso y espectacular que se pueda concebir.

Sin embargo, Ballard decide dejar de lado las implicaciones de tan apocalíptico suceso y concentrarse en los conflictos personales de Sanders y el pequeño grupo de personajes que lo rodean. El reencuentro con Ventress tras conocer al dueño de una de las minas de diamantes de la región le permite familiarizarse con el violento y destructivo triángulo amoroso que tiene aambos hombres convertidos en enemigos mortales, y un desafortunado encuentro con un hombre cristalizado a quien cree posible "curar" de su condición, son solo dos de los factores que llevan a Sanders a cuestionarse no solo sus motivos para haber realizado el viaje, si no también sus ideas fundamentales sobre la vida y su lugar en el mundo.

El argumento de la novela pasa a segundo término mientras Ballard se regodea en construir un impresionante retrato del mundo cristalizado donde se mueven sus personajes, concentrándose en el impacto que este nuevo y salvajemente trastornado entorno tiene en la figura de su personaje central.

Destaca la obviedad con la que Ballard juega con imágenes opuestas, buscando paralelos de luz y sombra entre situaciones y personajes. El desquiciado arquitecto enfundado en un traje blanco que busca a su esposa perdida y el taciturno cura vestido de negro en busca de su fe perdida. La oscura y nocturna amante de antaño, y la joven y luminosa mujer que la ha reemplazado. El tiempo y la percepción del mismo también juegan un rol importante y es imposible dejar de notar la doble percepción de la cristalización como una epidemia fatal y a la vez salvación final, pues aún cuando acaba con la vida, preserva todo eternamente.

The Crystal World es una novela fascinante de principio a fin y puede considerársele como un gran ejemplo de la clase de ciencia ficción que fue denominada como "la nueva ola", donde los valores literarios enriquecieron al género a la vez que integraron al mismo toda clase de ideas nuevas y revolucionarias. Absolutamente ballardiana.
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