julio 08, 2009

El Oro del Rey

El Oro del Rey es el cuarto volumen de la saga de Las Aventuras del Capitán Alatriste, y para estas alturas ya resulta innegable el hecho de que la serie fue planificada en su integridad desde un principio por Arturo Pérez-Reverte, pues empiezan a tomar sentido muchas de las alusiones a hechos posteriores o anteriores a los que está narrando Íñigo, la voz de su narrador.

El escribir los libros como si se tratasen de las memorias del viejo Íñigo, relatando los sucesos acaecidos en su vida desde que esta se cruzó con la del Capitán Alatriste fue una herramienta útil para darle un toque humano a la narración, evitando que se convierta en un simple recuento de las aventuras de un viejo soldado español y permitiendo al autor plasmar reacciones emocionales que estarían fuera de lugar de no emplear a uno de los propios personajes como narrador.

Las alusiones a eventos futuros parecen ser menos, pero a cambio crecen en importancia, pues en las primeras páginas del libro Íñigo menciona el lugar y tiempo de la muerte de Alatriste y lo hace con el desparpajo de quien comenta un hecho conocido por todos, sin darle mayor importancia.

Lo que si parece adquirir importancia poco a poco es la relación entre el propio Íñigo y Angélica de Alquézar, la joven sobrina de uno de los villanos principales de la serie. Íñigo mismo empieza a adquirir un papel más allá del simple patiño adolescente, pues luego de los eventos durante el sitio de Breda, narrado en el tomo anterior, Alatriste y el resto de los personajes empiezan a tratarlo más como un hombre que con la condescendencia que le mostraban anteriormente.

De licencia tras la toma de Breda, Alatriste e Íñigo se encuentran en Sevilla con Francisco de Quevedo y con el Conde de Guadalmedina, quienes les tienen una oferta de trabajo un tanto inusual. Su misión es reclutar hombres armados para llevar a cabo un asalto a un buque de carga proveniente de América. Lo inusual de la misión viene a cuenta del objetivo del asalto, pues la idea es que tomen el control del barco para llevarlo a tierra en un punto donde sea posible que otro grupo descargue el oro que viene a bordo. Se trata de oro perteneciente al Rey de España y lo van a robar por órdenes de... el Rey de España.

Aparentemente algunos comerciantes y funcionarios han estado desviando una parte del tesoro proveniente de América para engrosar sus propias fortunas. Algunos funcionarios honestos lo han descubierto, pero a fin de evitar un conflicto al interior de la corte, los asesores del rey lo convencen de recuperar lo que es suyo por otros medios. Si Alatriste y su grupo tienen éxito, nadie hará reclamación alguna, pues hacerlo sería admitir que lo estaban robando.

Tras reacostumbrarse a la escena del bajo mundo sevillano, Alatriste contrata a los mercenarios necesarios para llevar a cabo el trabajo, mismo que parece fácil. Abordar el bote, asustar a los marinos para que abandonen el barco y despachar a aquellos que no lo hagan. Levar anclas y encallar el barco para que otro grupo se haga cargo de bajar la carga y retirarse a disfrutar la paga. Lástima que nadie haya considerado la posibilidad de que otro grupo de mercenarios haya sido contratado para proteger la carga, con el añadido de que dicho grupo se encuentre bajo las órdenes del archienemigo de Alatriste, Gualterio Malatesta.

No hay mucho que pueda añadir a lo que he escrito antes acerca de la prosa de Pérez-Reverte, amena, clara, limpia; o a su habilidad narrativa y talento para proporcionar información histórica y comentario social sin alterar por ello el flujo de su relato. Arturo Pérez-Reverte es uno de los mejores autores trabajando en la actualidad y Las Aventuras del Capitán Alatriste, pese a poder ser consideradas como una obra menor entre su producción literaria, son un excelente ejemplo de su talento y un adecuado punto de entrada para aquellos interesados en su obra.
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