
Una unidad de fuerzas especiales que realiza operaciones encubiertas para la CIA es encomendada con la misión de señalar la casa de un narcotraficante en Bolivia para que pueda ser bombardeada desde el aire. El equipo encuentra la casa, la "marca" y reporta que el ataque puede llevarse a cabo. Instantes después se dan cuenta de que en la casa en cuestión hay una docena de niños.
Tras infructuosamente intentar convencer a sus superiores de detener el ataque, el grupo decide realizar una incursión en la casa y sacar de ahí a los niños. Cumplen con su objetivo y se reportan al lugar señalado para su extracción, pero no hay espacio suficiente en el helicóptero para llevarlos a los niños y a ellos, por lo que deciden enviar a los niños y buscar algún otro medio para salir del lugar por su cuenta. Sin embargo, uno de ellos intercepta una transmisión de radio que parece apuntar a convertirlos en blanco.

Intenso, ¿no? Y todo eso pasa antes de la secuencia de créditos, la cual nos revela las identidades de los miembros del equipo: Clay (Jeffrey Dean Morgan), el líder del grupo; Roque (Idris Elba), táctica y demoliciones; Jensen (Chris Evans) computadoras y comunicaciones; Pooch (Columbus Short), transporte; Cougar (Oscar Jaenada), eliminaciones de largo alcance. Atrapados en Bolivia y sin manera de regresar a los Estados Unidos el grupo empieza a tener fricciones internas, aún cuando Clay mantiene las esperanzas de hallar el modo de recuperar sus vidas y vengarse de quien se las arrebató. Aparece en escena Aisha (Zoe Saldana), una mujer que parece tener los contactos necesarios para permitirles volver a su país y financiarlos durante la búsqueda de Max, a quien ella quiere matar por razones no reveladas. El grupo accede a trabajar con ella, no sin cierto recelo, y ponen manos a la obra.
La película tiene un ritmo rápido que nunca decae, está llena de buenas escenas de acción y los suficientes efectos especiales para satisfacer a cualquier fan del género.
La historia no tiene mayores pretensiones, limitándose a formar un armazón que justifique las secuencias de acción y haga ver bien a los héroes, por momentos coqueteando peligrosamente con el terreno de la farsa o la parodia pero arreglándoselas para mantenerse dentro de una simple exageración comiqueril que le sienta bastante bien.
La historia del comic se traduce a este medio sin demasiados cambios. Un poco más suave la violencia gráfica, un vocabulario ligeramente menos altisonante, y tal vez un poco de protagonismo temprano para el personaje de Aisha, pero nada como para ofender a los fans del comic.
Me sorprendió el trabajo de dirección de Sylvain White, dado que solo cuenta en su curriculum con algunos proyectos directo a video -incluyendo la última entrega de I Know what You did Last Summer- y una película, Stomp the Yard, que nunca supo definirse entre drama, musical, película de baile, o algún ente de identidad propia. Sin embargo, White y su cinematógrafo, Scott Kevan, tienen buenas ideas para crear interesantes visuales en las secuencias de acción, alcanzando momentos de brillantez en algunas partes del montaje de la película.

Mi única queja sería con el trabajo de Jeffrey Dean Morgan, quien parece tratar de cargar a su personaje a base de carisma y presencia, aún cuando ninguna de las dos cualidades es su fuerte. Afortunadamente la película funciona como una obra de grupo y el resto del elenco carga con él durante la mayor parte de la película. En general me queda la sensación de que el elenco se divirtió tanto haciendo la película que logran contagiar un poco a la audiencia.

Lo siento por The A-Team y The Expendables, porque ya tenemos un standard de comparación.
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