marzo 02, 2008

Reseña: Vantage Point

¿Qué obtienes cuando mezclas a un guionista primerizo, el debut cinematográfico de un director de televisión, una premisa predecible y una técnica de edición y narrativa pretenciosa pero mal ejecutada? Vantage Point. O al menos algo muy parecido.

Justo en la Mira es el título en español (al menos en México... creo que en Argentina se llama Puntos de Vista) del debut en cine de Pete Travis, un joven director que hasta ahora solo había trabajado en tv, más notablemente en la serie Cold Case. El guón es obra de Barry Levy, quien también hace su debut para cine, y cuenta sobre un atentado en contra del presidente de los Estados Unidos durante una cumbre internacional antiterrorista en Salamanca, España.

El elenco está lleno de actores veteranos y de capacidad y talento comprobados, como William Hurt, Forest Whitaker, Sigourney Weaver, Dennis Quaid, y algunos otros más jóvenes y menos talentosos, como Eduardo Noriega y Matthew Fox, pero todos ellos tienen que lidiar con el mismo problema: el guión no les da con que trabajar.

Lo de Sigourney Weaver no cuenta solo como un cameo porque tuvieron a bien darle algunas líneas en la película, pero su papel ni siquiera resulta medianamente relevante para la historia. Eduardo Noriega sigue representando un enigma para mi, porque aún cuando por momentos parece tener potencial para llegar a ser un buen actor, su mala selección de papeles y un pobre desempeño en la mayoría de ellos me hace pensar que nunca lo será. Dennis Quaid interpreta a Thomas Barnes, un agente del servicio secreto que es famoso por haber recibido una bala dirigida al presidente un año antes.


Quaid no es un gran actor, pero es medianamente competente y suele apoyarse en su carisma y en el talento que lo acompaña en pantalla, pero en Vantage Point su personaje es demasiado inverosímil para que su carisma lo rescate y la mayoría de sus escenas de peso dramático son con Matthew Fox -lo que quiere decir que está por su cuenta o peor aún-, dejándolo con la responsabilidad de cargar sobre los hombros con el peso dramático de un un incoherente e irregular thriller.

William Hurt interpreta al presidente de los EU, lo que lo convierte más en el objeto de la trama que en su protagonista, en tanto que Forest Whitaker es un testigo de los hechos cuya importancia crece en el único sub-plot de la historia, mismo que en un extraordinario caso de serendipity termina siendo esencial para el desenlace de la película. Probablemente esa condición de ajenos a la historia de parte de los personajes de Hurt y Whitaker sea la que les permita mencionar esta película en su curriculum con la autoestima intacta, pues cumplen con desarrollar a sus personajes dentro del pequeño mundo a que sus papeles fueron confinados, viviendo en los márgenes interior y exterior de el caos que resulta la película

La premisa de la historia, o al menos el gimmick con el que la están vendiendo, es que la historia completa solo se comprende después de integrar los diferentes puntos de vista de los personajes de la misma.

Después de llegar a algún punto de peso argumental la historia retrocede hasta la misma hora y empieza a ser contada de nuevo pero siguiendo a otro personaje, pero la pobre edición y lo mal ligados que resultan estos puntos en el guión lo convierte en una experiencia repetitiva y frustrante, sobre todo porque no es original y todas las veces que lo hemos visto antes han sido mejores. Pulp Fiction, Groundhog Day, Run Lola Run, Memento, Magnolia, Short Cuts... demonios, incluso Amores Perros, son ejemplos de narrativa no lineal o compuesta que resultan mucho mejor logrados que Vantage Point.

Existen muchos errores menores que en vistas de los enormes problemas de la historia resultan prácticamente insignificantes, sobre todo en lo que se refiere al lugar donde se suceden los hechos.

La película fue filmada en México, utilizando Cuernavaca, Morelos; Puebla de lo Angeles; y Santa Fé, en el DF, para filmar la gran mayoría de la cinta, con solo unas cuantas tomas de exteriores realizadas en Salamanca, España. Las señales de tránsito mexicanas no se parecen a las españolas y los taxis que se pueden ver en la secuencia final (VW Sedán de color verde) son emblemáticos y característicos de la Ciudad de México, pero supongo que eso solo puede ser detectado por quienes vivan en, o estén familiarizados con esas locaciones.

A favor solo podría mencionar un par de secuencias de persecución bien filmadas y medianamente emocionantes, una a pie y una en autos, pero creo que si quisiera ver secuencias de acción sin una historia que las acompañe debiera poder elegir otra clase de película. Solo para matar el tiempo y en caso de que no tengan ninguna otra opción.

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